La conurbación: rizoma urbano y hecho ambiental complejo.

 5, 6 y 7 de marzo 2008, Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín 

 La conurbación: rizoma urbano y hecho ambiental complejo.

 Cecilia Inés Moreno Jaramillo1 Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín, Escuela del Hábitat-Cehap cmoreno@unalmed.edu.co 430 94 27 Fax: 1309630

1. La conurbación: acontecimiento urbano y ambiental 

 La conurbación es un fenómeno mediante el cual dos o más ciudades se integran territorialmente, independientemente de su tamaño, de sus características propias y de la adscripción administrativa que posean. El término conurbación fue acuñado en 1915 por el geógrafo escocés Patrick Geddes cuando, en su texto "Ciudades en evolución", hacía referencia a un área de desarrollo urbano donde una serie de ciudades diferentes habían crecido al encuentro unas de otras, unidas por intereses comunes: industriales o de negocios, o por un centro comercial o recreativo común. 

Este término tiene sentido de continuidad y puede ser aplicado tanto al proceso como al resultado. La integración física -como hecho material- a la vez que es un resultado, es generador de diversas dinámicas de interacción en lo social, lo cultural, lo político, lo económico, etc. Estas dinámicas no siempre tienen un correlato con el contexto político - administrativo el cual se desenvuelven y en muchas ocasiones ello genera tensiones y rupturas que causan repercusiones territoriales. La conurbación, que también se califica como proceso de “juntamiento” o “pegamiento”, da lugar a una nueva territorialidad a modo de un rizoma que extiende sus tallos horizontalmente bajo el suelo, para emerger de nuevo a la superficie con la forma de más vida. En la conurbación coexisten la integración y la escisión, pues se trata de rizomas en interacción en los que los encuentros y desencuentros se suceden simultáneamente y en forma cotidiana. 

 La conurbación, entendida como proceso, es un fenómeno poco indagado. Usualmente se le estudia como el hecho físico de conjunción de ciudades en el espacio, y para ello se usan términos como la conurbación, el conurbano o el conurbio (vocablo italiano), se le reconoce como conformación territorial única pero poco se habla de la conurbación como permanente dinámica. 

En la ciudad se da una conjunción de acontecimientos, incluso contradictorios, ella misma actúa como un tejido, un “patchwork [formado por] inmensos suburbios cambiantes, provisionales, de nómadas y de trogloditas, residuos de metal y de tejido” (Deleuze y Guattari, 1994: 490) y la conurbación es un tejido formado por otros diferentes tejidos que encuentra en la heterogeneidad su característica propia, una conexión de las diferencias que le hace un fenómeno culturalmente diverso a la vez que un hecho ambiental complejo. 

 Este fenómeno exige ser leído e interpretado con un gran rigor académico y una postura crítica pues en la dinámica de la conurbación se forman, de un lado, interesantes tejidos sociales y culturales que constituyen nuevas territorialidades y de otro lado, una fuerte impronta dejada por las instituciones en el espacio mediante las fronteras y delimitaciones que se trazan para su administración y gestión. Un tratamiento inadecuado de las denominadas zonas de frontera o de borde es fuente de rupturas y desintegraciones que configuran un problema ambiental. 

 Las dinámicas presentes en estos nuevos territorios pueden ser interpretadas, desde la estética, como una realidad rizomática pero no únicamente por que exista un entrecruzamiento de tallos horizontales, o una extensión de “tentáculos que se dirigen de una ciudad a otra”3 pues se trata es de una mezcla de individualidades, un territorio específico que, al unirse con otro, da origen a uno nuevo, ampliado y enriquecido. Es una expresión del nosotros en el territorio que no puede ser interpretada como simple bifurcación. Allí intervienen más que dos agentes y allí las emergencias territoriales, más que radiculares, son rizomáticas. Hay una clara diferencia entre las raíces que se extienden hacia el suelo subdividiéndose y cuya función es almacenar nutrientes, recoger agua y sostener a la planta, pero a ella individualmente, mientras que el rizoma, como tallo que se extiende horizontalmente, tiene como objetivo principal emerger bajo la forma de nueva vida. 

 El pensamiento ambiental complejo es la lente que permite la lectura e interpretación que se requiere para enfrentar la escisión y los dualismos que poco consultan con la trama de la vida que está presente en las ciudades pues los desarrollos tecnológicos y las dinámicas culturales y urbanas han estado -y siguen estando- signadas por la modernidad como el gran paradigma de Occidente mediante la aplicación de modelos como el desarrollo y algunas herramientas técnicas de la planeación urbana, la gestión ambiental urbana y la sostenibilidad ambiental urbana, entre otras.

Entradas populares de este blog

ECÚMENE Y ANECÚMENE

Relieve de América